Así lo ha anunciado la portavoz del recién elegido Gobierno de España, representante de un partido político, el PP, que durante toda la campaña electoral nos saturó con un machacón, solemne y aparentemente monolítico mensaje: no vamos a subir los impuestos.
Es una de las afirmaciones más corrientes de los políticos cuando son cuestionados sobre el actual desgobierno al que nos ha llevado el dejar en manos de los mercados decisiones que deberían estar en el terreno de la política.
La última cumbre europea nos ha vuelto a dejar atónitos y más preocupados. Se ha socavado integridad de la Unión y se ha concluido con más austeridad. Y lo más vergonzoso es que todo esto se ha hecho dando la espalda a la inmensa mayoría de los ciudadanos europeos, que asisten preocupados a un espectáculo dantesco, en el que se evidenciado, más si cabe, que los gobiernos de la UE han renunciado al ejercicio de la política a favor de los mercados.
El origen está en el Campo de Gibraltar y data de mitad de noviembre del año pasado
En época de crisis hay que mantener los servicios públicos, hay que protegerlos. Son la seña de identidad del Estado del bienestar. Si la democracia es la mediadora entre el hombre y el exceso de poder político, el Estado del bienestar es el intermediario entre el hombre y la incertidumbre.
En 1996, el entonces presidente del PP prologó el programa electoral con el que su partido concurría a las elecciones. Escribió: "La envergadura de la tarea que tenemos por delante exige recuperar el diálogo social para abordar, con decisión y responsabilidad, las reformas que den vigor y competitividad a la economía española.
Desde luego no para los millones de votantes que dieron su confianza a los partidos de izquierdas, ni para las 51.183 personas que este mes ha engrosado la alarmante cifra de parados que se suman a los cuatro millones largos que ya lo estaban, ni para las miles que sin desfallecer muestran su repulsa todas las tardes en las calles de nuestras ciudades. Y sorprendentemente, tampoco la caprichosa Bolsa ha tenido un comportamiento positivo.
Hasta hace poco, para una parte importante de la sociedad la llegada del viernes era motivo de regocijo. Terminaba la semana laboral y se abría la esperanza del descanso semanal.
¿Sería nuestra sociedad suficientemente eficaz y justa si en un arrebato de acierto colectivo decidiésemos ignorar la existencia de los mercados financieros? Vivir como si no existieran, negarles su espacio en los titulares de prensa, eludir su cobertura publicitaria. Dejarían, quizá, de ser el centro de nuestras vidas y los causantes de nuestros males.
Sin ánimo de usurpar el título de la memorable película de Robert Reford, pero bien parece que ahora la esté protagonizando el autodenominado jefe de la oposición española
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